Cuentos de medianoche

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 Corrían las ultimas horas de la tarde cuando alborotados los minutos se aceleraban en su marcha. Un nudo en la garganta, un adiós en los labios y millones de motivos para salir corriendo.

Respirar.

Huir hacia delante con la vista nublada, el aliento entrecortado y una respiración agitada. Ya estás a salvo. Nadie te ve.

Darte permiso para romperte en mil pedazos. Solo tendrás unos minutos para hacerlo. Para pensar en si esa razón tuya te lleva por el buen camino. Unos minutos para extrañar. Para reír. Para temer.

Porque, a partir de mañana ya nada será lo mismo, ya nadie será el mismo.

El todo.

La nada.

Silencio

Y lágrimas

Nunca un te echo de menos nació tan rápido. Nunca un adiós quiso llamarse más hasta pronto. Nunca antes todo esto tuvo un nombre tan claro.

Nunca.

O quizás siempre
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No Dimes y diretes
Lo bueno de mirar(te) desde lejos es que descubres más de lo que crees.

Como ese cambio en tu voz según pasan las mañanas de la semana.
O esa pequeña mueca que haces cuando te agobias o cuando te agobian.
Esa forma de subir peldaños.
O esa forma de demostrar.. ¿cariño?
Todo eso que se ve tras ese gesto serio.
Esa dulzura que no muestras, pero que sé que está
El reloj de tu cabecita cuando piensas más rápido de lo que deberías y los minutos se te quedan cortos para tanto.
Esa manera de hacerte extrañar.
Ese gesto con tu mano.
El saberte presente por muy ausente que quieras estar
Esa mirada que habla sola

No sabes... Y no imaginas cuánto me alegra(s)
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No Dimes y diretes
Enmudece. Mis pensamientos atajados. Mi razón desactivada. Un manantial de sensaciones desbordadas. Y todo por tu simple gesto. De golpe. Sin aviso. Sin posibilidad de reacción.

Del no querer creer. Del dudar en cómo reaccionar, sobre qué mostrar. De ese escalofrío. De esa sonrisa espontánea, que lleva tu nombre.

Desarmada.

Y, sin palabras, me retiro a mi rincón preferido a pensarte en silencio. A solas. Como siempre aunque también como nunca.
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No Dimes y diretes
Deambular por una ciudad conocida que hoy parece tan distinta.

Mirar sin ver.

La luz a través de las gotas, esas que furiosas, irreverentes, implacables, apresuradas.

Respirar y no sentir.

Hoy no se trata de nada más que de resistir. Aun sin fuerzas, aun con miedo, aun en contra de todo lo que desearías que fuera.

Agarrarte a tu razón primaria para seguir adelante. Confiar en ti, en tus tripas, en que es lo correcto. En tu lucha. En que el beneficio puede ser mayor que el coste.

Apostar. Jugártelo todo a una carta que ni siquiera sabes si está en la baraja. Pero que deseas sobre todas las cosas.

Normalidad, tranquilidad, confianza, sin dobleces, sin excusas, sin más. Intentar dejar de pensar, intentar aplacar la rabia de no entender por qué hay que disfrazarse para intentar, para ser, para… ¿saber? La tranquilidad de no tener recovecos. El agotamiento de tener que demostrarlo, de sentirte examinada, el dolor constante que provoca. La tristeza que ahoga implacable.

Fuera de ámbito, enmascarado en un momento deseado, un auto regalo… tan cerca, tan lejos, tan sola. Rodeada de artículos deseables, que no te valen nada.

Echar de menos. Todo. Nada. Tu sitio. Tu hogar. Tu todo.

Desubicada.

Deambular por una ciudad conocida que hoy parece tan distinta…


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No Dimes y diretes
”Y es que me gusta pensar que todo eso... te lo provoco yo”
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No Dimes y diretes
Sentados. Juntos. Aún sin mirarnos. Estás ahí. Siempre. Vigilante. En silencio. Cómplice.

Con la vida entre las manos, la cabeza en otro mundo y la mirada en la(s) pantalla(s). Ensimismados. Dejando correr el aire, el ritmo, el tiempo.

Con las palabras justas y las caricias contadas las risas intentan abrirse paso entrecortadas, aceleradas, tímidas. En un batiburrillo de ideas que se desborda cuando cruzamos la mirada. Cuando por un segundo avanzamos en ese espacio indefinido del no saber, del no poder, del no querer acercarse. Del esperar y no encontrar. Del vivir y no seguir sobreviviendo.


Porque así eres tú. Todo y nada. Lejanía en la proximidad y cercanía en la distancia. El que me envuelve aun sin saberlo. El dueño de mis ideas. Aun de lejos. Aun dormido. Aun con miedo.
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No Dimes y diretes
Hablamos. Por los codos. Cosas sin importancia la mayoría del tiempo. Hoy, tiempo después, encuentro aquella libreta donde descargué mi rabia al olvidarte. Donde sané las heridas que llevaban tu nombre. La rabia de mi baja autoestima. El impulso de mi silencio absoluto. La sonrisa que te regalo cada vez que te veo como si te la merecieras. Ahora, que ya no tiemblan mis piernas, que ya no eres dueño de mis secretos, que ya no eres nada. Ahora es el momento de dejarlo todo volar, que se pierda en el horizonte. Ese que ya no es y que nunca será.

Nunca te dije que mucho antes de que supieras mi nombre yo ya soñaba con el tuyo.

Nunca te dije que no confiaba en tí, que dentro de mí había algo que me gritaba que corriese de tu lado, pero que decidí quedarme.

Nunca te dije que sé lo de aquella chica en la despedida de solter@. Y de la del viaje. Y de aquella otra..

Que te estuve siempre esperando, que he derramado más lágrimas de las que te mereces por la ilusión que me vendías.

Nunca te dije que en el fondo, sé que querías ser lo que me decías, pero que eres incapaz de ser esa persona que tanto deseas.

Que eres egoísta, que aprietas las tuercas más de lo que deberías y que me has roto en muchos momentos.

Nunca te dije te quiero mirándote a los ojos. Porque siempre me dio miedo mirarte de frente.

Nunca te dije que ya bastaba de juegos, que dolía lo suficiente como para no volver a verte.

Nunca me dí mi lugar, porque siempre estuviste por delante.

Nunca te dije que te protegí con todo mi ser y que jamás tendrás idea de hasta dónde llegaron mis alas.

Nunca te dije que no sabías lo que tenías pero mucho menos lo que perdías.

Nunca te dije que la fuerte siempre he sido yo aunque tú ni siquera lo supieras.

Nunca te dije adiós. Aunque aquel mensaje supo más que a despedida.

Pero, sobre todo, nunca te dije "gracias" por dejar el camino libre a mi vida.





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