lunes, 1 de septiembre de 2008

De cuando tu voz me susurraba a gritos

No recuerdo bien el cómo ni el cuándo. El porqué se mitiga junto con los detalles de ese momento. Tan sólo quedo yo, la mitad de un todo que reune cada carta en el buzón de nuestra lejanía. Y el tiempo aquel, parado, fotografiado, adjunto en los letreros postales.
Un día cualquiera, destino al sitio concreto donde llegas, tocas y vuelves a desaparecer ante mis ojos. Dicen que el rojo de cuando me emocionas realzan aún más el color que define mi mirada. Sin embargo, lo indefinido es mi destino si, por esta vez, te quedaras a recordarme, una y otra vez, lo distraido.
Si canto porque lo hago, si bailo porque no me ves, si sonrío te contagio de algún otro amanecer. Enredada entre los pedazos de mis sábanas de estar recuerdo, sin pensar demasiado, tus susurros picarescos, como haciendome creer que el mando lo sujeto yo, el aire de tus ideas acompañando a unas intenciones que... no llegan.
Te tiras al pozo sin soltar la cuerda que te ata a la realidad que me rodea. Inclinas tu balanza sin cargarla demasiado. Conciso, das sin dar.
Y suena de nuevo aquella canción.

Tú canción.

Te digo todo mientras me callo,

esquivando...
...

...

... te.