jueves, 17 de julio de 2008

Corazones Acartonados

Fue en la calle del olvido, esquina con ninguna parte. Allí paró a cenar esa noche, no tenía ganas de cocinar tras un día tan duro. Ella lucía un corte de pelo a la última, unas vestiduras típicas para su edad . Era una chica normal acompañada por un chico del tiempo. Una charla amena, mientras envolvía sus manos en el rizo de su timidez, su sonrisa atada al sonrojo, decían el resto.

Nadie había deparado en la otra mesa. Contarían unos ochenta años entre los cuatro ocupantes, terminaban y apenas cruzaron miradas con la incipiente pareja que nos ocupa. Tan cerca y, tan lejos. Solos ante la multitud. Un habito cada vez mas extendido en la vida entre el hormigón, la prisa y el asfalto. Mirar sin ver.

El tiempo parecía parado en las miradas que se clavaban mutuamente sin cesar los de la mesa 9, el ante postre estaba servido. Fue entonces cuando apareció. pelo raso, ojos negros y perdidos, rumbo al vacío.

Dirigido a la mesa recientemente desocupada, ¿olvidadizo quizás? Tantos posibles que el dúo se despareja. El prosigue con su juego del tiro y aflojo, limpiando la cucharilla para tomar su ansiado final. Ella simula evadirse en su tarea aunque no puede dejar de clavar su pensamiento en el recién llegado.

Mientras tanto, prosigue la cuestión del tercero del trío. La búsqueda de su cena entre las sobras de la mesa ochentera, no hay suerte, seguirá buscando. Se pierde en el olvido.

Al terminar la cena, concluye la primera parte del juego de seducción que nos ocupa. Salir a pasear de vuelta a casa, divisando que el mundo está a sus pies a su temprana edad. Que sus puertas están abiertas a sus sueños. O eso creen.

En el transcurso, observan una casa portátil, hecha con recortes de cartones, pintadas con colores de vinos derramados e impregnada con el olor de todos los oídos sordos. Dentro un par celebrando haber encontrado un colchón salteado en el que, desde hoy, dormirá su amor.

El uno sonríe mientras piensa que nunca le pasará a él, que se lo habrán buscado. Que el lo tiene todo. Ella observa, se compunge. Traga saliva y acelera el paso.

Todos se miran y no ven, callan. Siguen su recorrido. La vida sigue igual"