jueves, 29 de mayo de 2008

De cuando los colores olían a verano

Aun a sabiendas de que esta relación no tiene futuro, te espero. Espero deseosa y ansiosa de ti, de que esta vez tengamos la suerte de cruzarnos algo más de tiempo que antes. Que podamos vivirnos como nunca antes.

Platónico, así es lo mejor que sé describirte. Eres un todo que me envuelve, que me da vida y que me la quita. El don de ahuyentar mis males a ti te dieron. Me enseñaste a quererte entre líneas, a esperarte y a desearte.

Esta vez te dejas querer, te acercas y alejas, temeroso. Apenas puedo hacer nada para que te decidas a venir, a acompañarme. Sola no puedo curar tus heridas, impotencia que me corroe y que asumo en mi persona.

Las horas se llegan a hacer eternas cuando esperas algo con ansias. Tantas noches anhelando tu llegada definitiva, tantas madrugadas apoyada en el quicio de ese perfil que ya me llama por mi nombre si recibe noticias de tu parte.

Y espero, y sigo y seguiré... Acompañada por tantos años de recuerdos felices.

Y desperté un día y allí estaba, como si el tiempo no hubiese pasado. Poco a poco los días comenzaron a crecer, la alegría recorría cada uno de mis poros. El Sol, que entraba libremente entre las rejas de mi habitación, me envolvía curioso en un baile de seducción y quebranto, entre mis rincones y su picaresca.

Un año más, un verano más que llega, me atrapa. Cada año te espero desde la misma ventana, con los ojos de aquella niña que ya reflejan en su color el tiempo, que no se detiene. Sonrisas más o menos me gusta olerte, en la hierba, en el viento, en las paredes, en los colores, en todo lo que nos acompaña.