lunes, 21 de enero de 2008

Escena primera, toma 1

Entre tanto, comienza una nueva escena de la secuencia de mi vida que hoy se rueda. Director, guionista, cámara y actriz debutante para un papel que ya está tan trillado... Miles de preguntas me abordan para emprender cada uno de los cargos que antes nombraba. Cuestiones de lógica natural atravesadas con la ilógica propia de la que suscribe estas líneas.
Previos, nervios, ilusión, curiosidad... son sólo alguna de las sensaciones que hoy estreno y, digo bien, estreno, por el simple hecho de concurrir nuevos caminos con nuevos compañeros, o senderos conocidos que hoy se iluminan de otro color, sabor, olor...
Silencio, se rueda. Sin ensayos posibles, lanzada al vacío, desnuda ante mi quehacer, no sé si es frío lo que me recorre o tan sólo imagino que lo tengo para refugiarme en él cuando todo termine, cuando el tiempo designado a este trocito transcurra y las reacciones posibles sean ya desiciones que, acertadas o no, recogen un halo de cuestiones resumidas en mi yo.
Plano cercano, picado apagado, una luz tenue, una mirada que se clava, un calor que corroe, traspasa, te abraza, te atrapa y, no hay más que hacer. Vencido mi personaje con fatal desenlace para mi seso, que no satura este anhelo de abandonarme a la suerte de recorrerte a cada palmo, perderme tras la mirada inteligente que me nubla, que no me deja ver realmente y que me atrapa friamente.
Una postproducción que nunca llega, pues todo pasa una sola vez, o dos, o tres, ni preparación ni retoque alguno, sólo la mejora posible de una realidad imparable, de unos nervios controlables.
El estreno ha llegado, me ha pagado de bruces con la realidad. Críticos y observadores con distintas opiniones, premios y humillaciones que regalan los oídos de otros tantos millones que, a su vez, los asumen como juicio llovido del cielo que marca y clasifica un estilo de vida para esta novata que actúa improvisando, que calcula cada acto dentro del vaticinio que ello conlleva.
Y vivo y actúo como puedo, como siento, como creo.